11 de febrero: mujeres que hacen ciencia desde el sur de Chile

Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha establecida el 22 de diciembre de 2015 por la UNESCO y ONU Mujeres, en el marco de las acciones impulsadas por la Organización de las Naciones Unidas para reconocer el rol crítico que mujeres y niñas desempeñan en estos ámbitos del conocimiento. La conmemoración busca visibilizar su participación en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y avanzar hacia una mayor equidad en espacios históricamente masculinizados, promoviendo su acceso y participación plena.
Para 2026, la conmemoración pone el foco en un desafío emergente y estratégico: “aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero; construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”. El lema propone articular estos cuatro pilares como una estrategia clave para reducir desigualdades estructurales y acelerar un desarrollo inclusivo y sostenible, donde mujeres y niñas no solo participen, sino que también lideren los procesos de transformación científica, tecnológica y social.
En el sur de Chile, la Universidad Austral de Chile (UACh) a través de la Facultad de Ciencias y del Consorcio Antártico y Sur-Subantártico del programa Ciencia 2030, impulsa una ciencia con fuerte arraigo territorial, enfoque interdisciplinario y un compromiso activo con la equidad de género, promoviendo la formación y el liderazgo de nuevas generaciones de científicas desde el extremo austral.
Ciencia desde el territorio austral
El programa Ciencia 2030 busca fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas de las universidades chilenas, promoviendo una ciencia con impacto social y pertinencia territorial. En el caso de la Facultad de Ciencias UACh, el Consorcio pone el foco en los ecosistemas australes, el cambio climático, la biodiversidad y el desarrollo sostenible desde el extremo sur del mundo.
En este escenario, académicas y estudiantes son fundamentales para consolidar equipos de investigación, liderar proyectos y fortalecer comunidades científicas desde el sur austral. Como parte de la campaña del 11 de febrero, quisimos invitar a investigadoras y estudiantes a compartir recuerdos sobre el momento en que se sintieron científicas, con el objetivo de generar relatos que conecten con niñas y jóvenes que hoy sueñan con hacer ciencia desde el territorio y que puedan reconocerse en esos primeros instantes de curiosidad y descubrimiento.
La invitación fue simple, pero significativa: se les pidió responder dos preguntas: ¿Cuál fue el primer momento en que sentiste que eras una científica? y ¿Si pudieras hablar con una niña o joven que sueña con ser científica, ¿qué le dirías? Los primeros momentos de curiosidad (una pregunta en clases, una experiencia en la infancia, una conversación con un profesor) suelen marcar el inicio de trayectorias completas en la ciencia. ¿Cuál fue la respuesta?
“Me fascinó cómo la ciencia explicaba el mundo”
Una de las académicas, la doctora Tamara Díaz Chang del Instituto de Ciencias Físicas y Matemáticas, recordó que desde pequeña participaba en competencias de matemáticas y luego de física. Fue en esas instancias donde comenzó a descubrir que estas disciplinas no eran solo fórmulas, sino herramientas para comprender la realidad.
“Me fascinó cómo estas disciplinas científicas podían ser usadas para resolver problemas de la vida real, su capacidad de encontrar patrones comunes y de expresar fenómenos de la naturaleza o estudiar mecanismos del universo en su esencia”, compartió.
A las niñas que hoy imaginan un camino en ciencia, les envía un mensaje claro:
“Que sigan siempre su pasión, que sean perseverantes, que tengan confianza en sí mismas. Está bien equivocarse o fallar algunas veces, pero que eso no las desvíe de su objetivo. El camino de la ciencia es maravilloso, sumamente interesante y lleno de satisfacciones. Que sean siempre curiosas y reflexivas, que aprendan a cuestionarlo todo con espíritu crítico y mente abierta”.
La conversación que abrió una vocación
La doctora Carla Marchant del Laboratorio de Estudios Territoriales (LabT) del Instituto de Ciencias de la Tierra, recuerda que su interés por la ciencia no estuvo restringido a un solo ámbito. “Me gustaban las nubes, los volcanes, las estrellas, pero también las personas y la historia de las civilizaciones antiguas. Quería entender cómo se relacionaban las distintas sociedades con la naturaleza”.
En tercero medio, una conversación con su profesor de física marcó un punto de inflexión. Él le habló de la Escuela de Ciencias de la Universidad de Chile. Ese verano de 1999 recuerda “me abrió la cabeza” y le permitió conocer nuevas disciplinas. Allí encontró en la geografía un espacio donde convergían sus múltiples intereses.
Hoy, su mensaje para niñas y jóvenes es una invitación a la confianza colectiva:
“Que crean en sí mismas y confíen en sus capacidades, que se apoyen en otras compañeras para dialogar, hacer crecer las ideas y generar nuevas preguntas. Como mujeres, podemos aportar otras visiones al trabajo científico e impactar más allá de los laboratorios, en la calidad de vida de las personas y de los territorios”.
Experimentos en la huerta y curiosidad sin límites
Para la doctora Alejandra Zuñiga Feest, vicerrectora académica, bióloga y doctora en Ciencias mención Botánica, la curiosidad comenzó en la infancia, explorando la naturaleza cerca de la laguna grande de San Pedro, en la Región del Biobío. Antes de saber lo que significaba ser científica, ya experimentaba.
“En la huerta de mi mamá intercambiaba polen de flores de distintos colores y ajustaba espejos para que las plantas recibieran más luz”, recuerda. El concepto de científica o bióloga lo conoció más tarde, en el liceo, cuando profesores mencionaban esa actividad como un camino vinculado al estudio y cuidado de la naturaleza.
Su consejo es una invitación al descubrimiento: “ser científica es un hermoso viaje de conocimiento. El rol de las mujeres en ciencia es muy importante y al hacer ciencia se abrirán distintos caminos que las pueden llevar a distintos lugares. Que exploren sus intereses y perseveren para descubrir lo que más les gusta y disfrutar de ello”.
Ciencia con rostro y territorio
Estos relatos, surgidos desde el sur austral y en el contexto del programa Ciencia 2030, muestran que la vocación científica no comienza necesariamente en un laboratorio, sino en la curiosidad, en una pregunta, en una conversación o en un pequeño experimento casero.
Creemos que este tipo de historias conecta especialmente con niñas y jóvenes, porque permite reconocerse en esos primeros momentos de asombro. Y es precisamente allí donde comienza a construirse un futuro más inclusivo para la ciencia. ¿Sabías que las vocaciones científicas no aparecen en la universidad? La mayoría de las veces se construye desde antes: en la casa, en la escuela, en los libros, en experiencias. La ciencia empieza en el asombro; en una pregunta. Cuando una niña pregunta “¿por qué?” o “¿cómo?”, no solo busca respuestas, también está aprendiendo.
Revisa la campaña aquí y lee más testimonios.
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